Agresión a niños continuará: nuestros políticos lo garantizan


Más de 15 mil niños fueron agredidos física y sicológicamente en el 2014; sin embargo, hasta ahora duerme en el Congreso el proyecto de nuevo Código de los Niños y Adolescentes, el cual contiene normas que proscriben el castigo físico a los menores e incluso sanciona con pena privativa de la libertad a los padres o tutores que los castigan físicamente.

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No obstante que muchas de las agresiones a los niños no se denuncian, igual la cifra es alarmante, pero al parecer nada de esto inmuta al Congreso –que como sabemos está de vacaciones–, y a la ministra de la Mujer, quien debería estar impulsando esto, pero tiene centrado su interés en otras cosas.

Actualmente situaciones como la del niño agredido por su padrastro, divulgada recientemente por la prensa, se regulan por el Código Penal como lesiones leves o graves dependiendo de la magnitud de la agresión. Se trata de una norma general porque regula las lesiones contra cualquier persona, y que agrava la pena si se trata de menores. Pero no aborda la frecuente problemática de violencia y constante agresión física y psicológica al interior de las familias, a la que resultan expuestos los menores debido a su mayor vulnerabilidad.

Las cifras revelan que episodios como el del niño agredido por su padrastro no son aislados. Lamentablemente la violencia contra los menores se da con mucha frecuencia en el entorno familiar. La indiferencia e incapacidad del Congreso puede costarle al país no solo la integridad sino la vida de nuestros niños. Pero no nos engañemos, aun cuando se expida un nuevo Código las cosas no cambiarán mucho, lo que realmente se necesita son dos cambios: un Estado realmente eficiente con efectivas políticas públicas de protección a los menores, y una mayor participación ciudadana que denuncie  a estos agresores y que exija que el Estado cumpla su papel.

En realidad es en este tipo de cosas, aparentemente pequeñas, que afligen al hombre común, donde podemos comprobar si estamos o no en una falsa democracia. Lamentablemente, para la gran cantidad de menores que sufren este tipo de abuso y violencia, Estado sigue estando en deuda.

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