Reinventar la Abogacía Ya


 

¿Lo que hemos aprendido en las facultades de Derecho nos ayudará hacer frente a un mercado masificado de abogados? Muy pocos han recibido una formación que les permita entender y encarar los procesos de cambio que experimenta el mundo y su impacto en el Derecho y en la abogacía. Por eso no es aventurado afirmar que la gran mayoría no estará en condiciones de hacer frente a los desafíos de un mercado sobrepoblado de abogados, que exige innovación, eficiencia y competitividad.

Si la abogacía es una de las carreras más tradicionales y con mayor número de estudiantes, ¿por qué muchos jóvenes quieren seguir estudiando Derecho? Tal vez sea porque intuyen que los hombres de leyes son dueños de un poder que les da una ventaja sobre el resto de profesionales. Si la sociedad existe y somos lo que somos (médico, policía, funcionario público, empresario, ciudadano, esposo, hijo, etc.) es gracias a la ley, porque ella lo ordena, lo regula todo, y aparentemente quien conozca sus secretos será una suerte de “brujo moderno”. Sin embargo, esto no es verdad, o cuando menos no es toda la verdad, pues las sociedades y los mercados son mucho más complejos y siempre la realidad supera la ley; además los más listos pronto descubrirán que la mayoría de facultades están habitadas de “profesores” que solo saben Derecho  – y en algunos casos ni siquiera eso – pero desconocen los secretos de competir en el mercado, no comprenden lo que está pasando en el mundo y menos entienden los cambios que ha experimentado el Derecho moderno y la abogacía. No podrán por lo tanto revelarles ninguno de los secretos que  precisa conocer el abogado moderno para ingresar y mantenerse exitosamente en el mercado.

¿Cuáles son esos cambios del mundo y cómo han modificado el Derecho y la abogacía? Tal vez el más importante es la revolución de la tecnología de la información, de la que ya tanto se ha hablado, que está reestructurando los mecanismos de interrelación y cada uno de los aspectos de nuestra vida cotidiana, obligándonos a una reelaboración de nuestro pensamiento, nuestra conducta y nuestras instituciones que tan solo hasta ayer, a nuestros padres y abuelos les parecían inamovibles.

Uno de los efectos de esta revolución es el mundo virtual, que no solo tiene que ver con la web sino con la economía en general. La inmaterialidad de la economía está en todos lados, hoy los negocios son sobre intangibles, el proceso de desmaterialización ha alcanzado niveles que hasta hace algunos años eran impensables. Las primeras en entenderlo fueron las empresas, así, hace ya varios años surgieron los títulos valores desmaterializados, las sociedades virtuales, las compras de futuros, los créditos indirectos (sin desembolso), E business y en general el boom de los servicios.

No es difícil comprobar que la economía de nuestra época se halla gobernada por los bienes inmateriales y servicios; veamos: cuando se compra en el supermercado una lata de conservas cuyo precio es diez soles, más del setenta y cinco por ciento de ese dinero se destina a bienes inmateriales y servicios: derechos de marca (el nombre de la conserva), know how (conocimiento para su fabricación, envase, conservación, etc.), transporte, seguros, impuestos, costo de comercialización, financiamiento, y desde luego, servicios legales.

A propósito, supongo que a estas alturas del artículo, usted ya ha caído en la cuenta que la abogacía  es un servicio vinculado a otro que es el servicio de administración de justicia (hoy en manos del Estado) cuando de juicios se trata o un servicio vinculado a las operaciones del mercado cuando de negocios o empresas se trata. No tengo ninguna duda, el formato de servicio legal que hoy practican la mayoría de abogados va a desaparecer, no existe posibilidad de que sobreviva. Por eso nuestra única alternativa es reinventar la abogacía.

Hace más de 20 años, Alvin Toffler dijo que en el mundo moderno “las economías de la velocidad sustituyen a las economías de escala”. Sin duda los cambios nunca antes han sido tan rápidos y tan desestabilizantes. El Derecho ya no es lo que era antes, en los últimos veinticinco años han surgido más especialidades de las que se generaron en los dos mil años previos. La información y el conocimiento se han convertido en la mercancía más valiosa, pero lo que más va a cambiar es la forma de ejercer la abogacía.

Lo más importante, si se quiere ser eficiente en el mercado, como ya lo dije, es reinventar la abogacía, y entiéndase bien no digo el Derecho, que desde luego también hay que reinventarlo lo mismo que el sistema de justicia, pero no me estoy ocupando de eso ahora, sino de cómo ejercer la abogacía en tiempos en extremo difíciles. Reinventar la abogacía parte por comprender, en primer lugar que saber solo Derecho no basta. Reinventar la abogacía implica descubrir en qué nuevas coordenadas se desarrollará la profesión, sobre todo no solo el qué sino el cómo se ejercerá.

Reconozcámoslo, es una realidad, si hemos estudiado bien todas las materias básicas del derecho, si hemos tenido buenos profesores, es seguro que estamos preparados, para salir a competir y tener éxito… Pero en el mercado del siglo XIX. Lo más seguro es que la mayoría fracasará en el mercado actual. Cuesta decirlo, pero es cierto: si solo sabes derecho inexorablemente no tendrás éxito.

En las siguientes entregas, plantearemos qué significa reinventar la abogacía.

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