El ají de Gastón


La admiración y respeto que ha ganado la cocina peruana, en el Perú y el mundo, le debe mucho a Gastón Acurio; pero su participación en el culto por nuestra comida tiene un componente adicional, Gastón ha estructurado un discurso no solo en pro de nuestra cocina sino que la ha convertido en un factor de orgullo y cohesión social.

Su visión de la cocina peruana y del ejercicio de la profesión de cocinero no es individualista o mercantilista, tiene por el contrario un claro componente de lo que hoy llaman inclusión social y en la práctica es una magnífica manera de ejercer la ciudadanía. En resumen, un esfuerzo encomiable y un ejemplo para todas las profesiones. Así las cosas, Gastón y su causa son dos íconos que debemos valorar y preservar, y precisamente por eso quisiera referir un hecho preocupante que lo vincula.

En las últimas semanas se ha promocionado intensamente por la televisión un producto llamado Ají Tarí, utilizando en su promoción la imagen de Gastón, cuya foto aparece en el envase; más aún, el propio Gastón recomienda el producto en los anuncios publicitarios. Hasta aquí todo bien, todo en regla. No obstante, cuando se tiene el sachet de ají en la mano notamos de inmediato una flagrante omisión: ni en el anverso ni en el reverso aparecen los componentes del producto, es decir, la información que necesita el consumidor para conocer si el citado producto tiene algún elemento que pudiera comprometer su salud.

Se trata de una información fundamental para la decisión de consumo, para cumplir con el mandato constitucional de protección de los consumidores. Por eso el Código de Consumo, refiriéndose a los alimentos y medicamentos, establece con claridad que los proveedores están obligados a difundir de manera visible y legible la información sobre ingredientes y componentes (art. 10). El propósito de la norma es reducir la situación de desventaja y asimetría informativa en la que ordinariamente se encuentra el consumidor, de modo que pueda tomar una decisión de consumo eficiente, para lo cual se exige que se le traslade lo que en doctrina se conoce como información relevante.

Pero además del Código, los proveedores están obligados a respetar las normas sectoriales de rotulado. En líneas generales, rotulado es toda información que se debe imprimir o adherir al envase del producto, por exigencia normativa, sobre ingredientes y componentes, sin considerar en esto la publicidad. La importancia de los datos contenidos en el rotulado es evidente, pues en la práctica este es el principal medio de información al que accede el consumidor interesado en el producto, y esta información puede estar directamente relacionada con su salud. Así, por ejemplo, la ausencia de esta información sobre los componentes e ingredientes del producto impide que los consumidores alérgicos a alguno de ellos (colorantes, saborizantes, etc.) puedan advertirlo.

Líneas arriba me referí a una flagrante (evidente) omisión, porque la información que debería aparecer a la vista, en realidad aparece oculta; sucede que los fabricantes la han colocado maliciosamente en la base del envase, aquella parte que no se ve, que se coloca en contacto con la mesa, pero además esta información se presenta en letra minúscula, lo cual hace improbable que sea leída íntegramente por la forma y los pliegues de esa parte del envase. Hay aquí otra infracción al deber de advertencia a que están obligados los fabricantes y comerciantes, pues la ley exige que la información sea colocada de un modo fácil y accesible. La forma y el lugar donde se ha ubicado revela un claro desapego a las reglas de información y transparencia que deben regir las relaciones de mercado y en especial las de consumo.

En la época en que se debatía el Código había un grupo de empresarios mercantilistas que se oponían a él, Gastón apoyó el Código sin ambages opinando sobre la necesidad de aprobarlo, por eso estoy convencido de que él no ha reparado en esta infracción al derecho de los consumidores y esta inaceptable conducta de los fabricantes.

No solo simpatizo con la causa de los cocineros peruanos que él lidera, sino que me adhiero a su manera de ejercer la profesión que, como he dicho, es una magnífica forma de ejercer la ciudadanía, y por eso mismo creo que es urgente que se corrija el rotulado del producto Ají Tarí. No es justo que se dañe la imagen de Gastón de esa forma y menos aún que él lo permita.

Publicado en el Periódico La Ley, Año 5, N° 51, Pág. 14, del 1 al 30 de abril de 2012

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