Responsabilidad Social del Abogado


Hoy que se ha puesto de moda hablar de inclusión social es bueno saber en qué consiste la responsabilidad social de nosotros, los abogados. De plano no se refiere a nuestra relación con los clientes ni la que tenemos con nuestros colegas. Tampoco a la visión reduccionista que la identifica con la defensa gratuita de los derechos de personas que carecen de recursos.

Veamos el tema en su real dimensión. La responsabilidad, en general, es clave para el funcionamiento de la sociedad y del propio Derecho, porque en esencia el tema se encuentra ligado a la aceptación y el respeto del otro. Una profesión que carece de una proyección en la sociedad se descalifica a sí misma y a la larga se autodestruye. Por ello, la responsabilidad social del abogado es importante no solo por razones éticas, sino por elementales razones prácticas. Esta línea de pensamiento me recuerda las reflexiones de Umberto Eco, quien afirmaba que el vértigo tecnológico en el que vivimos no nos puede conducir al laberinto existencial de creer que podemos prescindir del otro. “Es el otro, su mirada, lo que nos define y nos forma”. Porque sin el otro o los otros, y la legitimidad que ellos nos confieren, no hay posibilidades de un éxito sostenible en ninguna profesión y menos la de abogado.

Pero vayamos al punto; en primer lugar ¿frente a quién es responsable el abogado?, pues frente a la sociedad, porque la primera de sus obligaciones es contribuir a que el Derecho funcione. Desde luego, si el abogado concibe el Derecho y la abogacía de una manera meramente instrumental, pensará que su fin es solo ganar dinero. Sin embargo, una mirada institucional de la profesión, una visión más allá de uno mismo, nos conduce a identificar nuestro papel en la sociedad. Porque el Derecho no puede ser visto simplemente como un cúmulo de conocimientos técnicos para el éxito personal. Una mirada de este tipo, ceñida estrictamente al utilitarismo, actúa socavando la confianza social en la abogacía.

En el terreno práctico ¿cómo se concreta nuestra responsabilidad social?, pues comprometiéndonos a: 1) participar activamente en el mejoramiento de la profesión, lo cual se consigue con programas de capacitación continua y un efectivo control de las inconductas; 2) participar en el patrocinio de causas vinculadas al interés público, lo que se conoce generalmente como servicios legales pro bono (latín de “por el bien público”), compromiso que cualquier abogado, independientemente de su experiencia y estatus, puede asumir; y, 3) participar en el mejoramiento del sistema legal y judicial por nuestra particular ubicación, que nos permite identificar deficiencias en el sistema.

En suma, acciones enderezadas a que cada vez un mayor número de personas, sobre todo aquellas que se encuentren en situación de vulnerabilidad o exclusión social, tengan un efectivo acceso a la justicia; que las libertades y los derechos de igualdad sean realmente efectivos, principalmente para los sectores marginados y, en general, todo esfuerzo por consolidar el Estado de Derecho y garantizar los derechos humanos.

Hoy que el utilitarismo es exaltado como modelo de cultura del éxito, hay que afirmar que este es un éxito fugaz, barato. El verdadero éxito, el más permanente, está en el cumplimiento de nuestra responsabilidad social.

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