Los Derechos del Consumidor son Derechos Humanos


Los derechos humanos son pactos universales de convivencia, basados en la preponderancia y respeto de la persona, ideados para responder el creciente poder del Estado y del mercado. Según la más autorizada doctrina (Ferrajoli), tres pueden identificarse como los criterios para comprobar que estamos frente a derechos humanos. Primero, el vínculo entre estos derechos y la paz, es decir, la imprescindible necesidad de que se respeten para evitar la conflagración, la guerra entre los hombres. Segundo, el nexo entre estos derechos y la aspiración de igualdad. “La igualdad es en primer lugar igualdad en los derechos”, en todos los ámbitos y en nuestros días en especial en el mercado. El tercer criterio es el papel que los derechos humanos cumplen como leyes del más débil frente al poder y las leyes del más fuerte.

Los derechos del consumidor calzan con estos tres criterios; su respeto son una garantía para la paz social, su cumplimiento constituyen un mecanismo de lucha por la igualdad en las transacciones del mercado, y a su vez representan una clara expresión de la defensa del más débil frente al poder del más fuerte en el mercado.

Pero una consideración más para calificar a estos derechos como derechos humanos: la dignidad de la persona, que es el eje de todo el sistema jurídico y social, está estrechamente vinculada a los derechos del consumidor. El respeto de la dignidad humana constituye una garantía de que la persona no sufrirá agravios o humillaciones, pero al mismo tiempo también, y tal vez principalmente, se presenta como afirmación positiva del pleno desarrollo de la personalidad de cada individuo (Pérez Luño). Este desarrollo sin acceso al consumo es ilusorio.

¿Por qué? La respuesta es simple pero contundente. Porque  sin reconocer a la persona el derecho de acceso y trato digno en el mercado, muchos de sus derechos fundamentales serían inviables,  pues  es en el mercado donde  acceden a los bienes y servicios básicos que determinan su calidad de vida: alimentación, salud, educación, información y muchos otros que comprometen no solo el desarrollo de su personalidad sino su existencia misma.

Puestas las cosas en estos linderos, el consumo es una dimensión esencial del ser humano, que no solo tiene que ver con sus derechos económicos sino que involucra  otros derechos fundamentales que obligatoriamente deber ser protegidos por el Estado, de ahí que deba prodigarse al consumo también una tutela de la más alta jerarquía como son los derechos humanos.

Así, siendo la vida económica una dimensión existencial básica del sujeto, el acceso al consumo se constituye también en un derecho fundamental, el primero de este género de derechos del cual se derivan otros.

Cuando elaboramos el Código de Consumo, concebimos a los derechos del consumidor como derechos humanos, por ello es que la norma parte de la idea de que se trata de derechos preferentes,  porque entiende al consumidor como persona en el mercado y, por lo tanto, eje de todo el sistema jurídico y económico,  el sujeto principal de protección. De ahí que en el Código se den señales inequívocas en esta línea, como en el artículo V, inc. 1, que se refiere al principio de soberanía del consumidor; o el inc. 2, que consagra el principio pro consumidor;  el inc. 4 que recoge  la regla de corrección de asimetría, que no es otra cosa que una aplicación del derecho de igualdad llevado a las relaciones de mercado. Asimismo, el inc. 6 que se refiere a la regla de  derechos mínimos, esto es, que los preceptos del Código son estándares básicos de protección de los consumidores.

Los derechos humanos son libertades, pero al mismo tiempo derechos de igualdad que hoy más que nunca debemos preservar, pues la crisis del principio de igualdad en el mercado es la más seria amenaza de la democracia, y no hacer nada contra esto nos colocaría, como decía Galeano, como aquel hombre que serrucha con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado.

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