Consumidores y Democracia


La democracia no es el gobierno de las mayorías, porque es un error creer que la simple mayoría legitima cualquier decisión, incluso los abusos en el ámbito público o privado. Democracia es en esencia control y contrapesos de todo tipo de poder estatal o privado; se trata de un sistema basado en una idea simple, pero fundamentalmente humanista e igualadora, la de que todos los hombres deben estar sometidos a las leyes, que implica la ausencia de descontrol, de autoritarismo político o de mercado.

Si la democracia es límite de toda clase de poder no puede estar divorciada, como algunos quisieran, de los derechos de la persona en el mercado (derechos del consumidor). Una democracia real es aquella que también regula y controla los excesos del poder económico de los particulares, que en nuestros días es incluso más amenazante que los excesos del poder público, de ahí que los derechos del consumo deben ser vistos como una forma de preservar y promover la dignidad de la persona en el mercado.

La regla básica en el mercado, en un sistema democrático, es el derecho a la libre elección que todos los consumidores tienen. Se trata del libre derecho de participación en las transacciones económicas, pero para que el consumidor pueda gozar efectivamente de este derecho es indispensable que disfrute de otros como el derecho de información o a la inocuidad de los alimentos que consume (art. 1.1 b, y art. 30 del Código del Consumidor). Todo lo cual conduce a una de las características propias de los derechos del consumo en su condición de derechos humanos[1], su carácter indivisible e interdependiente, es decir, que se vinculan entre sí, y deben ser aplicados de modo integral, en la medida en que se trata de un sistema de derechos.

El respeto de la dignidad humana en todos los ámbitos, incluido el ámbito del mercado, es el elemento consustancial de una democracia real. Por ello, la principal variable que permite identificar un mercado libre es el efectivo respeto de los derechos de los consumidores. Una democracia real no puede existir sin un mercado en el que se respeten estos derechos. Esta concepción del respeto de los derechos de la persona en el mercado como derechos humanos, quiebra la idea según la cual el único poder al que hay que controlar, al que hay que poner límites es el poder público, y desahucia la concepción de que solo frente al Estado la persona tiene derechos, que solo el Estado puede afectar los derechos fundamentales.

De esta manera, la identificación de los poderes únicamente como poderes públicos es un grave y “conveniente” error, pues oculta u omite al poder económico o poder del mercado. Según esta concepción solamente el Estado y la política debían estar subordinados al Derecho. La sociedad civil y el mercado, por el contrario, serían el reino de las libertades y las autonomías, es decir, del “ejercicio libre de los derechos”. Hay que decirlo sin titubeos, en el mercado los abusos en contra de los derechos fundamentales pueden llegar a ser mucho más agresivos y agraviantes para las personas.

Por ello, esta concepción restringida del poder es del todo insostenible. Está conectada con la idea de que no existen, en sentido estricto, poderes privados, siendo estos nada más que las libertades individuales. La configuración y respeto de los derechos del consumidor implica una redefinición de la noción de “Estado de Derecho” sobre la base del control por medio de la ley de todos los poderes, y ya no solo los públicos sino también –y con igual énfasis– los privados. De manera que el límite de estos poderes haga posible la garantía de tales derechos.

Las reflexiones del jurista italiano Luigi Ferrajoli, que van en la misma línea de lo expuesto, sintetizan magníficamente la función del Derecho en nuestros días: “todo el artificio jurídico se justifica, según el paradigma del Estado de Derecho, como técnica de minimización del poder (…) de los poderes públicos, pero también los poderes privados que se manifiestan en el dominio económico (…)”. Lo que nos recuerda cuánta razón tenía Montesquieu: “El poder a falta de límites legales tiende a acumularse en forma absoluta”. A lo que cabe añadir que si esto se da en el mercado, el abuso de este poder puede llegar a ser también absoluto.



[1]  Sobre el tema véase nuestro artículo “Los Derechos del Consumidor son Derechos Humanos”, en:
<http://www.ciudadanosyconsumidores.pe/?p=603>.

 

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)