“El Político de Dios”


“Para entrar a la Iglesia estoy dispuesto a quitarme el sombrero, no la cabeza”.

Chesterton.

 


La elección del Papa Francisco es el mensaje político más claro que ha dado la Iglesia en los últimos veinticinco años. Si bien el Papa es un líder espiritual, es inocultable para cualquier persona medianamente atenta e informada que la elección del Sumo Pontífice es también un acto político, pues se trata de un Jefe de Estado (El Vaticano) reconocido mundialmente co
n un Derecho propio incluido. Es, por tanto, un actor político y un factor de poder en el mundo.

Por más que los sacerdotes se han esforzado en recordarnos que Jesús, respondiendo a Pilatos en el inicio de su proceso, dijo: “Mi reino no es de este mundo”, es indudable que la Iglesia ha estado presente y pretende seguir estando e influyendo en asuntos terrenos, porque está claro que no hay mundo espiritual sin el pedestre mundo material; a tal punto las cosas son así que hay quienes han calificado a la Iglesia, no sin ironía, como “el partido de Dios”.

El nuevo Papa parece ser muy consciente que en pleno siglo XXI dirige una institución que es al propio tiempo religiosa y política. Por eso no llama la atención que, en su primer encuentro con cerca de seis mil periodistas de todo el mundo (marzo 16), haya dicho: “La Iglesia no es de naturaleza política, sino esencialmente espiritual”… “Aunque es ciertamente una institución humana, histórica, con todo lo que ello importa”.

Como humana que es la Iglesia también es política, porque la política entendida como esfuerzo colectivo para alcanzar el bien común es casi inevitable en toda colectividad, y es una de las características que define al sujeto. Si en este sentido no puede negarse el carácter político de la Iglesia, resta descifrar qué mensaje ha pretendido dar en este tiempo y qué agenda se espera cumplir con la elección del Papa Francisco.

Europa por América parece haber sido la decisión del Colegio Cardenalicio, como adelantándose a un “nuevo orden mundial” y el nuevo rol que podría cumplir la región en el mundo. Evidentemente la elección de un Papa latinoamericano no es una simple casualidad, es una clara decisión de apostar por el porvenir. “Vengo del fin del mundo”, dijo Francisco tras su elección; también podría haber expresado “vengo del futuro”, de una región que será el mañana y que tendrá un peso importante en el orden mundial.

De pronto pareciera quedar claro que estamos transitando una nueva época y abandonando otra, que un mundo y una Iglesia eurocéntrica terminan. Es prematuro ponderar las consecuencias de la elección del primer Papa latinoamericano, menos ahora que no todos terminan de salir del asombro. Pero lo que sí parece claro es que la crisis europea no es solo económica, sino también política, y que en esta línea la pérdida de su peso en el mundo parece inevitable. Hoy este continente no representa más del 7% de la población y toda su economía no excede del 20% del producto bruto mundial. La Iglesia parece haberlo entendido y ha decidido adelantarse a los acontecimientos.

Lo que tampoco es difícil avizorar es que la elección del nuevo Papa tendrá enormes connotaciones políticas en la región, más aún si se trata del excardenal Bergoglio que no está acostumbrado a callar en cuestiones terrenas. Recuérdese lo que no hace mucho escribió: “Poco a poco nos acostumbramos a ver a través de los medios de comunicación la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, también nos acostumbramos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras”.

Y en el 2009 sin mayores rodeos criticó duramente al gobierno argentino y a la propia sociedad por no impedir el aumento de la pobreza en el país, que la consideró inmoral, injusta e ilegítima. Por ello con énfasis dijo: “En lugar de eso pareciera que se ha optado por agravar más las desigualdades…” y agregó: “los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión y los asesinos, sino también por estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades”… para lo cual exigió una respuesta “ética, cultural y solidaria y saldar la deuda social con millones de pobres”. Y finalizó señalando que era “imperativo luchar para cambiar las causas estructurales y las actitudes personales y corporativas que generan esta situación”.

Si bien en el Nuevo Testamento se nos dice “dad al César los que es del César y a Dios lo que es de Dios”, el Papa Francisco parece no estar de acuerdo que “César” se quede con todo, y no ahorra críticas al Estado y a las empresas. Tal vez por eso, en un tono confidencial, como quien revela un secreto a un amigo, contó en la reunión con los periodistas, que en la elección papal mientras se contaban los votos pensó en San Francisco de Asís, en su relación con los pobres y también pensó en las guerras, “así llegó el nombre a mi corazón: El hombre de paz, el hombre pobre ¡Cómo desearía una Iglesia pobre para los pobres!”, dijo.

No hay duda, el nuevo Papa es un gran comunicador, que tiene predilección por las historias y debilidad por el discurso político. Todo esto está muy bien, sobre todo en una época como la nuestra en la que es urgente tender puentes de comunicación entre la Iglesia y la sociedad, más aún en una institución claramente en crisis, que necesitaba a gritos un líder que sepa decir las cosas, pero que también lleve un mensaje, que no nos diga solo que el reino de Dios no es de este mundo, sino que genere empatía con sus fieles y que esté dispuesto a echar a los mercaderes del templo.

Esto sí sería un verdadero cambio y no un simple discurso político. Es muy probable que lo que estamos viendo haya tenido su antecedente en algo más terrenal que se remonta al 2005, año en el que se eligió a J. Ratzinger y cuyos ecos solo hoy se revelan. En nuestros días no es moneda frecuente que alguien deje voluntariamente el poder, también es inédita la elección de un Papa del Nuevo Mundo, pero aún más inédito y esperanzador es que desde el vértice la Iglesia no solo se preocupe de los pobres de espíritu sino que comience a ocuparse de los pobres de este mundo.

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)