Gobernar es comunicar


Todo acto de gobierno es un acto de comunicación. Esta regla tan antigua, elemental y útil en política parece no conocerla ni comprenderla la administración Humala. Si hay un ejemplo de cómo no se debe comunicar un acto de gobierno es el reciente aumento de sueldos de los principales funcionarios del Estado. Si pensaron que la oposición no iba a politizar el tema, que iba ser abordado “técnicamente”, que la mejor oportunidad de anunciarlo era este (el momento post Haya), está claro que los asesores del presidente se equivocaron.

Hoy por el grado de reacción deben tener claro que la oposición no iba a dejar pasar la oportunidad, que la opinión pública no estaba adormecida y que su decepción e indignación con la élite política y  gubernamental sigue al tope. En un escenario de debilidad institucional y desprestigio político debe tenerse mucho cuidado con el contenido, la forma y la oportunidad de la comunicación de los actos importantes del gobierno. Más si se trata de un tema tan sensible como el aumento de sueldos, cuyo costo en este caso no es tanto en el erario nacional como en el capital político del gobierno. Más aun si se trata de aumentarle los ingresos a “los de arriba” del Estado, peor si en el vértice de esta burocracia la mayoría de ministros son invisibles, mudos e ineficientes.

Además, se ha visto un escenario incoherente: un ministro de Economía y un Premier defendiendo un aumento del cien por ciento, mientras que hace unas semanas sostenían la necesidad de la gradualidad para el aumento de otros sectores de la burocracia. Cuidado, no se trata de que no tengan razón en dicho aumento sino es la torpe manera de presentarlo, y la increíble desconexión entre lo que siente la ciudadanía y quienes gobiernan.

Con toda razón Frank Luntz ha señalado: “no es lo que tú dices lo que la gente escucha”.  En esta misma dirección, el conocido difusor científico Eduardo Punset ha afirmado “las emociones son la comprensión”. No se trataba de comunicar un tema técnico o académico en un foro o en las aulas universitarias, se trataba de comunicar un acto político de grueso calibre y de consecuencias impredecibles. De ahí la necesidad del especial cuidado.

La percepción y no necesariamente el contenido es lo que cuenta. Esa es la lógica de la comunicación política. No obsesionarse en “tener razón”, en contar con el “argumento definitivo”, sino en la forma y oportunidad de comunicar el mensaje. Olvidaron que en materia de salarios de quienes gobiernan, para el peruano común, hasta nuevo aviso –lo que quiere decir hasta que vea la eficiencia del Estado–, el sueldo de un gobernante debe ser el honor de empinarse en el poder y trabajar para los más pobres.

A riesgo de la redundancia quisiera decir que no estoy en desacuerdo con que se incrementen los sueldos, sino que estoy en contra de la incoherencia –la ausencia de gradualidad– y la torpe forma de comunicarlo, lo que ha implicado un desafío a la opinión pública y una oportunidad para los políticos populistas. Ahora están en un callejón político sin salida y, de paso, han estropeado una medida que sí tenía razón de hacerse.

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)